La reciente evaluación de la agencia de calificación crediticia Fitch ha puesto de relieve el estado actual de la economía española, destacando un crecimiento robusto que se espera continúe en los próximos años. Según Fitch, España mantendrá una calificación de solvencia ‘A’ con una perspectiva ‘estable’, lo que refleja la confianza en la capacidad del país para gestionar su deuda soberana a largo plazo. Sin embargo, a pesar de las proyecciones optimistas, existen desafíos significativos que podrían afectar el desarrollo económico, tales como la parálisis política y la crisis de vivienda.
### Crecimiento Económico y Factores Impulsores
Fitch ha proyectado que la economía española crecerá un 2,5% en 2026, superando notablemente la media de la eurozona, que se estima en un 1,3%. Este crecimiento se apoya en varios factores, entre los que destaca la inmigración, que ha sido un motor clave en la recuperación económica tras la pandemia. La agencia subraya que la regularización de inmigrantes, aunque tendrá un impacto limitado en el crecimiento del empleo, podría facilitar la transición hacia trabajos más formales y mejor remunerados.
El crecimiento del PIB real en 2025 se espera que alcance un 2,8%, lo que representa el doble de la media de la eurozona. Este impulso se debe a un aumento excepcional en los ingresos fiscales, que ha permitido una reducción del déficit del 3,2% del PIB en 2024 al 2,5% en 2025. Para 2026, se prevé que el déficit se reduzca aún más al 2,4% del PIB, aunque se anticipa un ligero aumento al 2,6% en 2027. La deuda pública, que se situó en el 100,8% a finales de 2025, se espera que caiga por debajo del 100% a finales de 2026, marcando un hito desde 2019.
Sin embargo, Fitch advierte que la parálisis política en el país, exacerbada por la falta de aprobación de presupuestos desde 2023, podría socavar la implementación de reformas fiscales necesarias. La fragmentación del Parlamento ha dificultado la aprobación de una agenda fiscal clara, lo que aumenta la incertidumbre sobre la trayectoria de consolidación de España y su capacidad para afrontar futuras presiones de gasto.
### Desafíos en el Mercado Inmobiliario
Uno de los problemas más apremiantes que enfrenta España es la crisis de la vivienda. Fitch ha señalado que los precios de las casas han aumentado aproximadamente un 47% desde 2020, lo que ha generado preocupaciones sobre la asequibilidad. A pesar de que los criterios de concesión de crédito se han mantenido sólidos y el apalancamiento de los hogares ha disminuido, la escasez de oferta sigue siendo un problema estructural que afecta a la capacidad de muchos para acceder a la vivienda.
La agencia también destaca que, a diferencia del auge inmobiliario anterior a 2008, el actual aumento de precios no ha llevado a un aumento desmedido en el apalancamiento de los hogares. Sin embargo, la rápida apreciación de los precios de la vivienda, combinada con la falta de oferta, podría llevar a una crisis de asequibilidad que afecte a la estabilidad económica del país.
Por otro lado, la agencia Scope Ratings ha mantenido su calificación de ‘A’ con perspectiva ‘positiva’, destacando que el desempeño económico de España sigue siendo uno de los más rápidos entre las economías avanzadas. La creación de empleo ha sido robusta, con la tasa de desempleo por debajo del 10%, en parte gracias a la integración de trabajadores extranjeros en sectores con escasez de mano de obra, como la construcción y la hostelería.
Sin embargo, Scope también advierte que el entorno internacional más débil, caracterizado por aranceles elevados y tensiones geopolíticas, podría afectar la competitividad externa de España. La economía española, aunque moderadamente dependiente del comercio y de las importaciones de energía de Oriente Próximo, podría verse afectada indirectamente por el aumento de los precios internacionales de la energía y la menor demanda de sus socios comerciales.
A pesar de estos desafíos, tanto Fitch como Scope coinciden en que la economía española tiene un potencial significativo para seguir creciendo, siempre y cuando se aborden las cuestiones estructurales y se logre una mayor estabilidad política. La mejora de las cuentas fiscales y la reducción del déficit son pasos positivos, pero la falta de un presupuesto aprobado y una estrategia fiscal clara podrían limitar el progreso a largo plazo. La capacidad del Gobierno para implementar medidas de apoyo fiscal en respuesta a crisis externas también será crucial para mantener la estabilidad económica en el futuro.