Repsol ha invertido 15.000 millones de euros en sus refinerías de la Península Ibérica sin apoyo público. Esta decisión estratégica posiciona a España y Portugal como los países más resilientes ante la crisis de suministro derivada del conflicto entre Irán y sus aliados, que ha cerrado el estrecho de Ormuz. La interrupción afecta al 11 % de la oferta mundial de crudo y a 5 millones de barriles diarios de productos refinados. El queroseno y el diésel son los más afectados.
¿Por qué la inversión en refino se ha convertido en un escudo energético?
La guerra en Oriente Medio ha generado una disrupción física real en las rutas marítimas clave. El cierre del estrecho de Ormuz no es una amenaza teórica: es una restricción operativa que ha reducido drásticamente el flujo de crudo y productos refinados hacia Europa. En este escenario, las refinerías españolas —especialmente las de Cartagena y Bilbao— operan a máxima capacidad. Su capacidad de conversión flexible permite priorizar la producción de queroseno, clave para la aviación y ahora crítico para la seguridad nacional.
La apuesta temprana de Repsol
En 2010, mientras Francia e Italia cerraban refinerías, Repsol, bajo la dirección de Antoni Brufau, decidió reforzar su infraestructura. Esa decisión se tomó en contra de las señales regulatorias europeas, que desde entonces han ignorado al sector del refino en sus programas de apoyo industrial. No existe ni una sola línea de financiación pública europea dedicada explícitamente al refino energético.
¿Qué dice el marco legal europeo sobre el refino?
La Directiva 2009/119/CE obliga a los Estados miembros a mantener reservas estratégicas de productos petrolíferos. Pero no regula ni financia la capacidad de producción. La Estrategia Energética de la UE 2030 prioriza el descarbonizado, pero omite el refino como pilar de la seguridad de suministro. Esto ha generado una brecha regulatoria: mientras se promueve la transición, se desincentiva la inversión en activos que hoy evitan desabastecimientos.
El vacío de política industrial
- La Comisión Europea no incluye el refino en sus fondos NextGenerationEU.
- No hay mecanismos de compensación por costes adicionales de cumplimiento ambiental en refinerías.
- La taxonomía verde excluye al refino, dificultando el acceso a financiación sostenible.
¿Cuál es el impacto económico real de esta inversión?
Las refinerías de Repsol generan más de 12.000 empleos directos e indirectos en España. Su operación evita importaciones de productos refinados valoradas en más de 3.200 millones de euros anuales, según cálculos del Instituto de Estudios Económicos del Sector Energético (IEESE). Además, la estabilidad del suministro evita picos de precios que podrían elevar la inflación energética en hasta 0,8 puntos porcentuales trimestrales.
Datos Clave
- 15.000 millones de euros invertidos por Repsol en refino desde 2010.
- Cartagena y Bilbao son las refinerías más estratégicas para la producción de queroseno en Europa occidental.
- El cierre del estrecho de Ormuz ha retirado 5 millones de barriles diarios de productos refinados del mercado.
- 0 líneas de apoyo público europeo están destinadas específicamente al refino.
- España es el único país de la UE que ha mantenido y ampliado su capacidad de refino en la última década.
¿Qué lección debe aprender Europa?
Josu Jon Imaz ha sido claro: “Espero que, esta vez sí, Europa aprenda la lección”. La seguridad energética no se construye solo con renovables. Requiere una mezcla equilibrada de fuentes, infraestructura crítica y políticas que reconozcan el papel del refino como servicio esencial. La actual crisis no es coyuntural: es el reflejo de una planificación energética que subestimó la interdependencia entre producción, logística y geopolítica. La inversión privada salvó el abastecimiento, pero no puede sustituir una política industrial coherente. La próxima revisión de la Directiva de Reservas Estratégicas (2027) es la ventana para corregir este error.
