Tres intentos fallidos de robo con explosivos en menos de un mes han puesto en alerta máxima a todas las fuerzas de seguridad en la Comunitat Valenciana. Los ataques ocurrieron en l’Alcúdia, Casinos y Benifairó de les Valls. Ninguno logró su objetivo, pero todos dejaron daños estructurales graves y un claro patrón operativo: el método conocido como la ‘pala del pizzero’. Este modus operandi ya representa una amenaza creciente para la seguridad financiera en zonas rurales y pequeños municipios.
¿Qué es la ‘pala del pizzero’ y por qué es tan peligrosa?
La ‘pala del pizzero’ es una técnica de explosión dirigida que aprovecha la ranura de expulsión de billetes de los cajeros automáticos. Los delincuentes introducen pólvora casera mediante una lámina plana —como una espátula o una tarjeta metálica— y la detonan a distancia con un activador rudimentario.
Este método no requiere sofisticación técnica, pero sí conocimiento práctico del funcionamiento interno de los cajeros. Su bajo costo y alta efectividad lo convierten en una opción recurrente para bandas emergentes.
¿Por qué atacan cajeros en municipios pequeños?
Los cajeros ubicados en localidades con menos de 10.000 habitantes suelen tener menor vigilancia física y tecnológica. Además, muchos carecen de sistemas de contención antiexplosivos certificados según la normativa UNE-EN 1143-1.
La Policía Local de Benifairó de les Valls confirmó que su único cajero —del BBVA— no contaba con blindaje reforzado. Esto explica la elección estratégica de estos objetivos: menor riesgo operativo y mayor probabilidad de éxito.
¿Qué dice la ley sobre la protección de cajeros automáticos?
La Ley 10/2010 de prevención del blanqueo de capitales y la Orden Ministerial HAP/2149/2015 imponen obligaciones claras a entidades financieras. Estas deben garantizar la seguridad física y lógica de sus dispositivos de autoservicio.
Sin embargo, la aplicación es desigual. En municipios con recursos limitados, la instalación de cámaras térmicas, sensores sísmicos o sistemas de retención de billetes sigue siendo excepcional. La falta de inversión pública en seguridad periférica agrava la vulnerabilidad.
¿Cuál es el impacto económico real de estos ataques?
Aunque no se ha sustraído dinero, los costes son significativos. Cada explosión genera daños que superan los 15.000 € por cajero: reparación estructural, reposición de componentes electrónicos y pérdida de servicio durante días.
Además, los bancos asumen los gastos de reforzamiento posterior. Según datos de la Asociación Española de Bancos (AEB), el 62 % de los cajeros afectados en 2025 requirieron actualizaciones de seguridad obligatorias tras el ataque.
¿Qué medidas preventivas están funcionando?
La Guardia Civil ha activado el Plan CAJERO 2026, que incluye patrullajes inteligentes basados en IA y geolocalización de movimientos sospechosos. También se han instalado sensores acústicos de detonación en 47 cajeros de la provincia de València.
Algunos ayuntamientos, como el de Casinos, han firmado convenios con entidades financieras para financiar blindajes certificados. Otros, como Benifairó, han solicitado la instalación de cámaras con reconocimiento de patrones de conducta.
Datos Clave
- Tres intentos fallidos en menos de 30 días en la Comunitat Valenciana.
- Todos usaron el método de la ‘pala del pizzero’ con pólvora introducida por la ranura de billetes.
- Los atacantes operan de madrugada, entre las 2:30 y 4:00 horas.
- La Guardia Civil identificó en marzo pasado una red similar con tres miembros residentes en València.
- Ningún cajero afectado contaba con certificación UNE-EN 1143-1 nivel III.
El patrón de repetición sugiere que los delincuentes están perfeccionando su técnica. Las autoridades anticipan un cuarto intento en las próximas dos semanas. La coordinación entre Policía Local, Guardia Civil y entidades financieras será clave para evitar daños mayores y proteger la integridad de los servicios financieros en el territorio.
