En una terraza de València, cuatro exmiembros de organizaciones antifranquistas se reúnen para compartir recuerdos y reflexiones sobre su pasado. Germán Caballero, Marta Rojo y otros han documentado la historia de Pascual, Lucila, Antonio y Miguel, quienes, a sus 70 años, rememoran tiempos en los que la lucha contra la dictadura de Francisco Franco era una cuestión de vida o muerte. La imagen de estos cuatro hombres y mujeres, charlando tranquilamente, contrasta con la realidad de hace cinco décadas, cuando la represión y el miedo dominaban el panorama político español.
La conversación gira en torno a la Jefatura Superior de Policía de València, un edificio que evoca recuerdos de tortura y detención. Para estos activistas, el hecho de poder sentarse a hablar en público, a escasos metros de un lugar que simboliza la represión, es un acto de reivindicación y memoria. «Si los que prenden la lucha contra las dictaduras fracasan se les llama terroristas, si vencen pasan a ser libertadores», reflexionan, dejando claro que su lucha fue por la libertad y la justicia.
### La Represión y el Exilio: Historias de Valor
Lucila Aragó, una de las voces más resonantes de este grupo, recuerda cómo la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, la sorprendió en prisión. Su militancia en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) la llevó a ser encarcelada, pero el anuncio de la muerte del dictador fue un momento de celebración entre las reclusas. Sin embargo, la liberación no llegó sin un precio. Antonio Nebot también pasó por la cárcel, donde sufrió torturas y un juicio injusto que lo condenó a más de dos años de prisión. La violencia del régimen no solo afectó a sus cuerpos, sino que también dejó cicatrices emocionales que perduran hasta hoy.
Pascual Moreno, quien logró escapar del país, vivió el exilio en Francia, donde se sintió desconectado de su hogar y de su gente. Su regreso a España fue posible gracias a la amnistía de Adolfo Suárez, pero la reintegración fue complicada. «No me quiero imaginar lo que vivieron aquellos que estuvieron en el exilio durante tres décadas», dice, recordando la soledad y el aislamiento que sufrieron muchos de sus compañeros.
Miguel Morata, quien se unió a la lucha en los últimos años del franquismo, también comparte su experiencia. A pesar de ser detenido en una manifestación pacífica, su detención fue menos violenta que la de otros, lo que le permitió continuar su activismo. Sin embargo, la represión siempre estuvo presente, y la violencia del régimen era una constante en la vida de quienes se oponían a él.
### La Lucha Universitaria y el Activismo Político
La militancia de estos cuatro activistas se extendió más allá de la represión física. La universidad se convirtió en un espacio de resistencia y organización. Miguel, inspirado por sus mayores, se unió al movimiento estudiantil y se involucró en el Frente Obrero. La represión en las universidades era feroz, y Lucila recuerda cómo la Brigada Político-Social vigilaba cada movimiento. Las asambleas eran un acto de valentía, y las manifestaciones, un campo de batalla donde la policía respondía con violencia.
Antonio Nebot, quien creció en un hogar donde la política era un tema cotidiano, se unió al movimiento comunista y se convirtió en un activista desde joven. La represión que vivieron fue brutal, pero también forjó un sentido de comunidad y solidaridad entre los que luchaban por un futuro mejor. La propaganda y la organización fueron herramientas clave en su lucha, y aunque enfrentaron muchos obstáculos, su determinación nunca flaqueó.
A lo largo de los años, estos activistas han enfrentado el estigma de ser llamados «terroristas». Pascual recuerda cómo su propia familia lo acusó de ser parte del problema, cuando en realidad, su lucha era por la libertad y la justicia. La violencia del régimen, argumentan, no solo fue ejercida por ellos, sino que era una respuesta a la opresión que sufrían. La historia de la lucha antifranquista es compleja y llena de matices, y estos cuatro activistas son testigos de una época que no debe ser olvidada.
A medida que comparten sus historias, queda claro que, aunque el franquismo haya terminado, sus ecos aún resuenan en la sociedad española. La lucha por la memoria histórica y la justicia sigue siendo relevante, y estos activistas son un recordatorio de que la resistencia nunca se detiene. Su valentía y compromiso son un legado que inspira a nuevas generaciones a seguir luchando por un mundo más justo y libre.
