El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tomado un papel protagónico en la organización del Mundial 2026, que se celebrará en conjunto con México y Canadá. En una reciente reunión en el Despacho Oval con Gianni Infantino, presidente de la FIFA, Trump dejó claro que no dudará en trasladar partidos de ciudades gobernadas por demócratas si considera que hay problemas de seguridad. Esta advertencia ha puesto en jaque a varias de las sedes estadounidenses, generando un clima de incertidumbre a menos de siete meses del evento.
### La Relación entre Trump e Infantino
Desde que se anunció que Estados Unidos, México y Canadá serían los anfitriones del Mundial 2026, la relación entre Trump e Infantino ha sido estratégica. Ambos líderes han cultivado una complicidad que les beneficia mutuamente. Trump ha descrito a Infantino como «probablemente el hombre más respetado en el mundo del deporte», mientras que Infantino ha calificado esta relación como «absolutamente crucial para el éxito del Mundial 2026». Esta cercanía ha permitido a Trump establecer un control significativo sobre el torneo, creando un grupo de trabajo presidencial para supervisar los preparativos.
Sin embargo, la amenaza de Trump de retirar sedes ha generado preocupación. Ocho de las once ciudades que albergarán partidos en Estados Unidos están gobernadas por demócratas, lo que representa el 73% de las ciudades anfitrionas. Entre ellas se encuentran Seattle, Nueva York, Los Ángeles, Boston y Filadelfia. La elección de Katie Wilson, una socialista democrática, como alcaldesa de Seattle ha intensificado las tensiones, especialmente porque esta ciudad albergará seis partidos, incluyendo encuentros cruciales del torneo.
### El Impacto Económico del Mundial
El Mundial 2026 no solo es un evento deportivo, sino que también tiene un impacto económico significativo. Se estima que generará más de 30.000 millones de dólares para Estados Unidos, creando entre 200.000 y 300.000 empleos temporales. Esta proyección convierte al torneo en un elemento central de la agenda presidencial de Trump, quien ha vinculado su celebración con el 250 aniversario de la independencia estadounidense.
El anuncio del FIFA PASS, un programa que facilitará la obtención de visados para entre 5 y 10 millones de aficionados extranjeros, muestra la dualidad del enfoque de Trump. Por un lado, busca atraer a turistas internacionales, pero por otro, utiliza la seguridad como justificación para amenazar a ciudades que considera hostiles. Esta estrategia de apertura hacia visitantes internacionales, combinada con la coerción hacia gobiernos locales, refleja la complejidad de la situación.
La respuesta oficial de la FIFA a las amenazas de Trump ha sido contradictoria. Mientras Infantino mantiene un silencio estratégico, otros altos funcionarios de la FIFA han afirmado que el torneo es de su jurisdicción y que las decisiones sobre las sedes deben ser tomadas por el organismo. Sin embargo, la dependencia logística y económica del gobierno estadounidense otorga a Trump una considerable capacidad de presión, lo que Infantino parece reacio a confrontar.
### La Politización del Fútbol
La situación actual plantea interrogantes sobre la independencia del fútbol frente a la política. A medida que se acerca la fecha del Mundial, la presión sobre la FIFA aumenta. El sorteo del torneo, programado para el 5 de diciembre, será un momento crítico. Cualquier modificación en las sedes complicaría enormemente la organización, dado que ya se han establecido contratos con proveedores y se han vendido entradas asignadas a estadios específicos.
Trump parece consciente de la importancia de este calendario y ha intensificado sus amenazas justo antes del sorteo para maximizar su influencia sobre Infantino. La politización del Mundial 2026 se perfila como una de las más significativas en la historia reciente del fútbol, con el presidente de la FIFA en una posición aparentemente subordinada ante las presiones del mandatario estadounidense.
El futuro del torneo dependerá de cómo se desarrollen las próximas semanas. Las amenazas de Trump podrían ser una estrategia de presión política, pero también podrían materializarse en cambios reales que afecten la logística y la experiencia de los aficionados. La relación entre el fútbol y la política está más entrelazada que nunca, y el Mundial 2026 será un escenario donde se pondrá a prueba la independencia del deporte frente a las dinámicas de poder político.
