En el corazón del barrio Xenillet de Torrent, un grupo de niños y adolescentes ha encontrado un espacio de apoyo y solidaridad a través del club de los ‘soterranyos valientes’. Este club, que reúne a más de una treintena de jóvenes, se ha convertido en un símbolo de esperanza en una comunidad que ha enfrentado numerosos desafíos. La historia de este club es un testimonio del poder de la comunidad y de la importancia de brindar un espacio seguro para la infancia y la adolescencia.
La fundación del club se remonta a la necesidad de crear un entorno donde los niños pudieran comunicarse, aprender y cuidarse mutuamente. Una de las jóvenes del club lo describe de manera sencilla pero profunda: «Es un club donde nos comunicamos con diálogo, nos hablamos bien y nos cuidamos entre nosotros». Este enfoque en la comunicación y el cuidado mutuo es fundamental, especialmente en un barrio que ha sido estigmatizado por problemas sociales y económicos.
### Un Barrio Olvidado
El Xenillet es un barrio humilde, donde la población gitana y migrante enfrenta dificultades diarias. La degradación urbana es evidente: coches quemados, alcorques vacíos y pavimentos agrietados son solo algunos de los signos de abandono que marcan el paisaje. La comunidad ha sido golpeada por la crisis económica y por desastres naturales, como la dana que afectó a la región hace más de un año. Sin embargo, a pesar de estos desafíos, el club de los ‘soterranyos valientes’ ha surgido como un faro de esperanza.
El Espai de Solidaritat Parreño, donde se reúnen, es un local municipal que ha sido clave para el desarrollo de sus actividades. Este espacio no solo ofrece un lugar para jugar y aprender, sino que también se ha convertido en un punto de encuentro para las familias del barrio. Toni Velarde y Pepe Simó, quienes han estado trabajando en el Xenillet durante más de una década, han visto cómo la comunidad ha evolucionado y cómo el club ha logrado construir relaciones de confianza con los residentes.
La llegada de una ayuda autonómica ha permitido que el club amplíe sus actividades, ofreciendo atención a la infancia y la adolescencia durante toda la semana. Esto incluye un espacio de formación no reglada para jóvenes que han abandonado el sistema educativo, así como actividades para las familias. La intervención se ha profesionalizado, lo que ha permitido a los organizadores ofrecer un apoyo más estructurado y efectivo.
### Cuatro Pilares de Intervención
El trabajo del club se basa en cuatro líneas fundamentales. La primera se centra en el refuerzo escolar y actividades lúdicas para niños en edad escolar. Esto incluye clases de castellano para aquellos que no dominan el idioma, especialmente con la reciente llegada de población marroquí.
La segunda línea se enfoca en los adolescentes fuera del sistema educativo. A través de formaciones no regladas, se busca ofrecer orientación vocacional y socialización saludable. Muchos de estos jóvenes han crecido en el club y ahora enfrentan el desafío de encontrar un camino que les permita reengancharse a la educación y al empleo.
La tercera línea de trabajo se dirige a las familias, ofreciendo actividades sobre resolución de conflictos, salud y alimentación. Este enfoque integral es esencial para abordar las necesidades de la comunidad de manera holística. Por último, la promoción del voluntariado es crucial para fomentar la participación de los residentes en el club y en el barrio.
La relación de confianza que se ha cultivado a lo largo de los años ha sido fundamental para el éxito del club. Al principio, muchos residentes eran escépticos sobre la llegada de los organizadores. Sin embargo, con el tiempo, han demostrado que su interés es genuino y que están comprometidos con el bienestar de la comunidad. Toni y Pepe recuerdan cómo al principio les preguntaban por qué ayudaban a la gente del barrio, y su respuesta siempre ha sido la misma: «Porque creemos en las personas».
El club de los ‘soterranyos valientes’ no solo ofrece un refugio seguro para los niños y adolescentes, sino que también trabaja para derribar las barreras que existen en la comunidad. La segregación por etnia y descendencia se desvanece en este espacio, donde todos los jóvenes pueden jugar y aprender juntos. Este enfoque inclusivo es vital para construir una comunidad más unida y solidaria.
Con la ayuda económica que han recibido, el club espera continuar su labor y expandir sus actividades. La comunidad del Xenillet ha demostrado que, a pesar de las adversidades, siempre hay espacio para la esperanza y la solidaridad. El trabajo que realiza el club es un ejemplo de cómo la colaboración y el compromiso pueden transformar vidas y comunidades enteras.
