Cuba, una isla caribeña conocida por su belleza natural y su rica cultura, enfrenta una crisis sanitaria alarmante. La escasez de agua potable, junto con la falta de medicamentos y alimentos, ha llevado a la población a una situación de precariedad extrema. En este contexto, la epidemia de chikungunya se ha convertido en un nuevo desafío para un sistema de salud ya debilitado.
La escasez de agua y su impacto en la salud pública
El agua, un recurso vital, se ha vuelto escaso en muchas comunidades cubanas. La situación se ha agravado por la existencia de un mercado negro donde se venden pipas de agua y tanques de PVC. Esta crisis hídrica no solo afecta la calidad de vida de los cubanos, sino que también se ha convertido en un caldo de cultivo para enfermedades transmitidas por mosquitos, como el chikungunya, el dengue y el zika.
En las calles de La Habana y otras ciudades, términos como dengue y chikungunya han pasado a formar parte del vocabulario cotidiano, reflejando la gravedad de la situación. Las autoridades sanitarias han reportado un aumento significativo en los casos de chikungunya, con más de 47,000 casos confirmados en noviembre de 2025. La población infantil es la más vulnerable, con un alarmante número de menores afectados por esta enfermedad.
El presidente Miguel Díaz-Canel ha prometido abordar la epidemia con la misma seriedad que se hizo durante la pandemia de COVID-19. Sin embargo, los números son preocupantes: 121 pacientes graves, de los cuales 96 son menores de 18 años. La falta de recursos en los hospitales, que operan con solo el 30% de sus suministros habituales, limita la capacidad de respuesta ante esta crisis sanitaria.
Protocolos de atención y la respuesta del sistema de salud
La doctora Tania Roing Álvarez, jefa del Grupo Nacional de Neonatología, ha señalado que el Ministerio de Salud ha implementado un protocolo de atención para los menores afectados por chikungunya. Este protocolo incluye la identificación de síntomas, la detección temprana de signos de alarma y un algoritmo clínico para el manejo pediátrico. Sin embargo, la efectividad de estas medidas se ve comprometida por la falta de recursos y la escasez de personal médico, ya que Cuba ha perdido un 29% de sus médicos y un 17% de enfermeros en los últimos años debido a la migración.
Las autoridades han intensificado las acciones de vigilancia epidemiológica y control de vectores, pero la precariedad estructural del sistema de salud limita su eficacia. La población se enfrenta a un panorama desolador, donde la atención médica se ha vuelto un lujo inaccesible para muchos. Las recomendaciones de los médicos, como el uso de antiinflamatorios y suplementos vitamínicos, son difíciles de seguir para la mayoría de los cubanos, quienes dependen de las remesas de familiares en el extranjero para acceder a estos tratamientos.
La carga emocional y social de la crisis
La crisis sanitaria en Cuba no solo es un problema de salud pública, sino que también tiene un profundo impacto emocional en la población. La inseguridad alimentaria, los cortes de energía y la creciente desigualdad económica han contribuido a un desgaste emocional generalizado. La combinación de estos factores ha llevado a muchos cubanos a gestionar sus problemas de salud de manera autónoma, organizándose para cuidar a los enfermos y aplicando protocolos básicos de atención en sus hogares.
La privatización de los cuidados se ha vuelto una realidad en medio de las consignas gubernamentales sobre la atención estatal. Las familias se ven obligadas a buscar soluciones por su cuenta, lo que refleja una falta de confianza en el sistema de salud pública. La situación ha llevado a un aumento en la contratación de servicios privados para fumigación y cuidado de la salud, lo que agrava aún más la desigualdad en el acceso a la atención médica.
La respuesta del gobierno cubano a la crisis ha sido criticada por muchos, quienes argumentan que las sanciones impuestas por Estados Unidos no son la única causa de los problemas que enfrenta el país. La falta de inversión en el sistema de salud y la gestión ineficaz de los recursos han contribuido a la actual crisis. La población cubana, que ha soportado años de dificultades, se encuentra ahora en una encrucijada, enfrentando no solo una epidemia, sino también un sistema de salud que lucha por mantenerse a flote en medio de la adversidad.
