Dmocracia no es una marca de ropa. Es una campaña de comunicación pública lanzada por el Gobierno dentro del programa España en Libertad. 50 años. Usa estética de streetwear, influencers y lenguaje juvenil para hablar de derechos fundamentales, libertad y participación democrática. Su objetivo no es vender prendas, sino conectar con jóvenes que consumen información en redes. El presupuesto real de la acción es de 386.000 euros, muy lejos de los 14 millones erróneamente atribuidos en redes.
¿Qué es Dmocracia exactamente?
Dmocracia es una estrategia de comunicación institucional con formato transmedia. Combina fotografía, video corto, ropa simbólica y presencia en espacios emblemáticos como el Congreso de los Diputados.
No hay tienda online ni producción comercial. Las prendas usadas en el shooting son piezas únicas o de edición limitada, sin etiquetado de marca ni distribución comercial.
Su nombre juega con la palabra democracia, eliminando la ‘e’ para evocar el estilo de las marcas urbanas. Esa decisión intencional generó confusión, pero también logró visibilidad masiva.
Objetivo pedagógico, no comercial
La campaña busca redefinir el discurso cívico para audiencias menores de 35 años. Usa el código visual del streetwear como puente, no como fin.
No se promueve el consumo, sino la reflexión sobre el valor de la Constitución de 1978, la libertad de expresión y la participación ciudadana.
¿De dónde viene el presupuesto y quién lo gestiona?
El financiamiento proviene del Presupuesto General del Estado 2026, asignado al programa España en Libertad. 50 años. Este programa incluye conciertos, exposiciones, talleres escolares y acciones digitales.
El Comisionado para España-50 años en Libertad, dependiente de la Presidencia del Gobierno, es el responsable de su ejecución.
¿Por qué se confundió la cifra de 14 millones?
Esa cifra corresponde al presupuesto total del programa conmemorativo, no a Dmocracia. La campaña específica representa menos del 3 % del gasto total.
El Gobierno ha aclarado que el contrato con las influencers (Marina Rivers y Sara Fructuoso) y la producción del shooting se ajustaron a los límites de contratación pública para servicios de comunicación.
¿Qué impacto económico y social ha tenido?
La campaña generó más de 28 millones de impresiones en redes en sus primeros cinco días. El engagement superó el 12 %, muy por encima del promedio sectorial (4,2 %).
Desde el punto de vista económico, el gasto se enmarca en la inversión en capital cívico: una estrategia para reducir la desafección política entre jóvenes.
Estudios del CIS indican que el 63 % de los menores de 30 años no siente conexión con las instituciones. Dmocracia apunta directamente a ese vacío.
Marco legal y transparencia
Todas las contrataciones se publicaron en el Perfil del Contratante. El contrato con las creadoras fue adjudicado mediante procedimiento abierto, con pliego técnico que exigía experiencia en comunicación con audiencias jóvenes.
No hubo subcontratación ni intermediarios. El 100 % del presupuesto se destinó a producción, honorarios y logística.
¿Qué dice la ley sobre campañas institucionales con estética comercial?
La Ley 40/2015 del Régimen Jurídico del Sector Público permite el uso de lenguaje innovador en comunicación institucional, siempre que no se confunda con actividad mercantil.
El Informe 2/2023 del Tribunal de Cuentas sobre campañas de sensibilización recomienda “evitar ambigüedades visuales”, pero no prohíbe el uso de estéticas contemporáneas.
Datos Clave
- El presupuesto real de Dmocracia es de 386.000 euros, no 14 millones.
- Forma parte del programa España en Libertad. 50 años, con un total de 14,2 millones de euros.
- Marina Rivers y Sara Fructuoso fueron contratadas bajo contrato público de servicios de comunicación.
- No se comercializa ropa ni hay marca registrada con nombre Dmocracia.
- El shooting se realizó en el Congreso de los Diputados, con autorización expresa y protocolo de seguridad.
- La campaña está sujeta a la Ley de Transparencia y sus gastos están publicados íntegramente.
La polémica revela una tensión real: cómo hablar de democracia sin sonar obsoleto. Dmocracia no es una marca. Es un experimento de alfabetización cívica en clave digital, financiado con fondos públicos y evaluado bajo estándares de rendición de cuentas. Su éxito no se mide en ventas, sino en clics, debates y, sobre todo, en la capacidad de hacer que la palabra democracia vuelva a sonar cercana.
