Cuando Abelardo Febrero sintió la llamada de la fe a los 11 años, nunca imaginó que su vocación lo llevaría a servir a su comunidad durante más de seis décadas. Hoy, con 93 años, este sacerdote continúa su labor en la provincia de Zamora, donde recorre diariamente más de 100 kilómetros para ofrecer misa y ayudar a otros párrocos. Su historia es un testimonio de dedicación y compromiso con la comunidad, en un momento en que la Iglesia enfrenta desafíos significativos.
La vida de Abelardo ha estado marcada por su deseo de ayudar a los demás. Nacido en 1932 en Villanueva del Campo, su infancia estuvo influenciada por la fe. Proveniente de una familia con una fuerte tradición religiosa, tres de los ocho hermanos eligieron el camino del sacerdocio o la vida religiosa. Tras ingresar al seminario, fue ordenado sacerdote en 1957 y comenzó su misión en diversas localidades, donde dejó una huella imborrable.
### Un legado de compromiso y servicio
A lo largo de su carrera, Abelardo ha sido conocido por su enfoque innovador y su deseo de conectar con los jóvenes. En su etapa en Vega de Villalobos, donde ejerció entre 1962 y 1972, fundó un equipo de fútbol y organizó actividades culturales y sociales que fomentaron la cohesión entre los jóvenes del pueblo. «Era necesario para que los chicos socializaran y vieran otro tipo de cosas más allá del pueblo», explica. Su labor no solo se limitó a la espiritualidad, sino que también buscó ofrecer a los jóvenes oportunidades de crecimiento y diversión.
Su destino más prolongado fue San Cristóbal de Entreviñas, donde permaneció casi 31 años. Aunque se jubiló en 2013, su retiro fue breve, ya que otro párroco solicitó su ayuda. Desde entonces, Abelardo ha continuado ofreciendo misa en Villalobos y Vega de Villalobos, así como asistiendo a las monjas clarisas. Su dedicación es tal que asegura que seguirá haciéndolo «hasta cuando Dios quiera».
Sin embargo, la realidad de la Iglesia en su región es preocupante. La despoblación y la disminución de la fe han llevado a una reducción significativa en la asistencia a misa. «Las misas han bajado mucho, en los pueblos solo quedan personas mayores», lamenta. Esta situación ha llevado a Abelardo a reflexionar sobre la falta de compromiso en la sociedad actual, no solo entre los sacerdotes, sino en general. «No nos comprometemos con nada», afirma, subrayando la necesidad de un cambio en la mentalidad colectiva.
### La lucha por la iglesia de San Román
Uno de los proyectos más recientes de Abelardo es la conservación de la iglesia de San Román, que se ha convertido en su cruzada personal. Forma parte de la plataforma «Salvemos Nuestra Torre», que busca evitar el derrumbe de la espadaña de la iglesia. Esta iniciativa ha logrado recaudar más de 29.000 euros, una cifra significativa para un pueblo con menos de 100 habitantes. Sin embargo, Abelardo advierte que «llega un momento en que el pozo ya no da más agua» y que se necesita más apoyo económico para completar la rehabilitación.
El sacerdote se muestra optimista, ya que ha visto «pasos muy bonitos» hacia la restauración de la torre. Recientemente, recibió una donación anónima que contribuyó a la causa. Sin embargo, su mayor preocupación es mantener la motivación de los vecinos para continuar con la recaudación. «Es más fácil llevar la torre que la voluntad de las personas», sentencia, instando a la comunidad a recordar que la preservación de su patrimonio es fundamental.
Abelardo no se detiene ante los obstáculos. Su compromiso es tal que asegura que, si es necesario, «subiré piedras» para ayudar en la rehabilitación. Además, promete llevar café y merienda a los obreros que trabajen en la torre, mostrando su agradecimiento por su esfuerzo. Su energía y dedicación son un ejemplo de cómo la fe puede inspirar acciones concretas en beneficio de la comunidad.
A lo largo de su vida, Abelardo ha recorrido miles de kilómetros y ha guiado a generaciones enteras. Su legado es un recordatorio de la importancia de la fe y el servicio a los demás. A pesar de los desafíos que enfrenta la Iglesia, su determinación y su deseo de ayudar continúan siendo una fuente de inspiración para todos los que lo conocen. Mientras siga conduciendo cada día para llevar misa donde sea necesario, Abelardo Febrero seguirá siendo un faro de esperanza y compromiso en su comunidad.
